Tárcoles, entre redes y turistas
Durante décadas, la pesca artesanal sostuvo a decenas de familias en Tárcoles. Sin embargo, la contaminación, la sobrepesca y la incertidumbre de los ingresos han llevado a muchos pescadores a buscar alternativas.
Una embarcación de pesca turística de Tárcoles se aleja de la playa para iniciar un tour. Atrás quedan las personas que ayudaron a sacar la lancha al agua y que ofrecerán la limpieza de los peces cuando regresen del tour.
Créditos
Al llegar a Tárcoles, un pueblo en el Pacifico Central a menos de dos horas de la capital de Costa Rica, una de las primeras cosas que vi fue un grupo de pescadores cerca de las embarcaciones o que se estaban moviendo entre donde comenzaba la playa y la calle.
Debajo de la sombra de un conjunto de árboles, algunos preparaban redes de pesca concentrados en su trabajo y a veces conversando entre ellos.
En este grupo se encontraba Manuel Salvador Rodríguez Martínez.
Manuel se fijó en mi llegada y a diferencia de otros pescadores artesanales del lugar, se mostró muy abierto a hablar desde un inicio. Sin embargo, antes de hablar mientras trabajaba, fue a ayudar a mover una panga al agua. Este bote comenzaba a salir a un día de pesca.
Cuando volvió, continúa con su trabajo reparando sus redes con sus manos, contando como después de tres décadas con experiencia en pesca artesanal se ha ido abriendo campo en la pesca turística para tener un ingreso extra.

Manuel Salvador Rodríguez Martínez es pescador artesanal y capitán de pesca turística en Tárcoles. Él cuenta que el trabajo de pescador artesanal conlleva mucha preparación, por ejemplo, reparar redes de pesca que tienen huecos ocasionados por peces grandes y otras especies que son capaces de reventar el material para salir de la red. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
“Hace años uno vivía solo de la pesca”, cuenta Manuel mientras acomoda un trasmallo desgastado por el uso. “Ahora cuando salen ‘¡turcitos’, los hago”.
Manuel llegó a Tárcoles siendo apenas un adolescente, después de dejar Guanacaste en busca de trabajo. Encontró en el mar un oficio duro, pero suficiente para sostenerse. Desde entonces han pasado más de 33 años de pesca artesanal, noches guiadas por las mareas y jornadas enteras dependiendo del comportamiento del mar.
Desde hace aproximadamente 16 años comenzó a combinar la pesca artesanal con recorridos turísticos y viajes de pesca recreativa. La idea surgió casi por accidente, cuando un grupo de estudiantes extranjeras le pidió llevarlas al mar. Aquella salida improvisada terminó convirtiéndose en una nueva posibilidad. Desde entonces, turistas nacionales y extranjeros comenzaron a recomendarlo entre conocidos.
Como Manuel, otros pescadores de Tárcoles encontraron en el turismo una alternativa para enfrentar la inestabilidad de la pesca artesanal. Algunos dejaron de pasar dos o tres semanas enteras mar adentro y ahora trabajan llevando visitantes a pescar, observar aves o buscar tiburones ballena y delfines. Para muchos, el cambio significó ingresos más constantes, menos gasto en combustible y más tiempo cerca de sus familias.
Marco Chacón Rojas, conocido por todos como “Ton”, recuerda que antes podía pasar hasta un mes pescando lejos de casa, en zonas como Golfito, Quepos o Puerto Cortés. Hoy se dedica únicamente a la pesca turística. “Saque o no saque pescado, la gente tiene que pagarle a usted”, explica. Para él, la diferencia económica es clara: preparar una lancha para pesca artesanal puede costar más de 500.000 colones, mientras que un tour requiere mucho menos inversión y genera ingresos más seguros.
La transformación también se refleja en el paisaje del muelle. Donde antes predominaban las pangas dedicadas exclusivamente a la pesca artesanal, ahora varias embarcaciones ofrecen recorridos turísticos durante los fines de semana. Algunas familias viven directamente de los tours; otras dependen de actividades relacionadas, como limpiar pescado, ayudar con las lanchas o administrar parqueos cerca de la playa.
Sin embargo, la transición no ha sido igual para todos. Mientras algunos pescadores consideran que el turismo les permitió sostener a sus familias cuando la pesca disminuyó, otros señalan que entrar completamente a esta actividad requiere motores más potentes, permisos, embarcaciones adecuadas y recursos económicos difíciles de conseguir.
También persisten problemas relacionados con infraestructura, acceso a agua potable y apoyo institucional.
En medio de esas tensiones, la comunidad sigue adaptándose. Tárcoles ya no vive únicamente de la pesca tradicional, pero tampoco ha dejado atrás el mar. Entre tours, trasmallos, turistas y motores pequeños, pescadores artesanales intentan construir nuevas formas de sobrevivir en una costa marcada por la contaminación, la incertidumbre económica y los cambios en el océano.
¿Cómo fue que pescadores artesanales de Tárcoles transformaron la pesca turística en una estrategia para enfrentar la inestabilidad económica y ambiental? ¿Cómo combinan tradición, adaptación y turismo para mantener viva una forma de vida ligada al mar? ¿Cuáles son los retos que enfrentan?
Al llegar a la playa de Tárcoles, cerca de la cooperativa, se pueden ver todas las embarcaciones de pesca. Las embarcaciones que se usan para ofrecer tours de pesca tienen techo que permita resgardarse del sol, y usualmente se encuentran en el extremo norte de la playa. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
Un sustento que se iba disminuyendo
Para la comunidad pesquera de Tárcoles, la pesca artesanal ha sido durante décadas una de sus principales actividades económicas. Muchas familias han vivido del mar por generaciones y todavía hoy gran parte de la comunidad mantiene una relación muy cercana con esta actividad. Sin embargo, al conversar con los pescadores artesanales, la mayoría coincide en algo: vivir únicamente de la pesca cada vez es más incierto.
Salir a pescar no garantiza regresar con buenos ingresos, ya nos lo explica Franklin González, conocido como “Indio”:
“La pesca artesanal no hay nada fijo ahí. Un día se puede ganar unos 50, otro día se puede ganar 10 y así. Pero de ahí hay que pagar gastos. Es dura la pesca artesanal. Hay momentos que sí lo salvan a uno, pero no es todo el tiempo”.
Las embarcaciones de pesca artesanal continúan dominando la escena en la playa de Tárcoles. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
Durante la entrevista, Manuel y Marco nos explicaban que hay días en los que llegan con poco pescado y otros en los que las condiciones del mar simplemente no permiten trabajar como esperaban. A esto se suma que cada salida implica una inversión importante de dinero en combustible, hielo, mantenimiento de motores, reparación de redes y otros gastos necesarios para poder realizar el trabajo.
Desde la cooperativa de pescadores de la zona, CoopeTárcoles (Cooperativa de Pescadores de Tárcoles), Jeannette Naranjo González también señalan que existen otros factores que influyen en la actividad. Entre ellos, mencionan los cambios en las condiciones climáticas y las variaciones que experimentan las aguas, aspectos que pueden afectar el resultado de las jornadas de pesca.
Otro factor que generó presión para los pescadores artesanales de Tárcoles en las últimas décadas ha sido la contaminación del río que comparte su nombre con la comunidad. Lo que a simple vista parece solo un río, en realidad funciona como el principal desagüe de la GAM. A lo largo de su recorrido, el río recibe descargas de aguas residuales de comunidades, actividades agrícolas, industrias y sistemas de alcantarillado que no siempre cuentan con tratamiento adecuado. Esto lo ha convertido en un símbolo visible de la crisis de contaminación hídrica del país.
Ese problema afecta directamente a comunidades que dependen del río para vivir, como pescadores artesanales y quienes trabajan en el turismo en la zona de Tárcoles. Según Manuel, “es lo que se me pegan los tramallitos que a veces tengo que desenredar, sacar el plástico de las mallas” refiriéndose a cómo encuentra contaminación cuando sale a pescar.
Pero existen esfuerzos de monitoreo y algunas iniciativas de saneamiento. Pescadores como Marco Chacón Rojas nos explican que “ahora es menos”—incluso que ahora se ven especies que tenían rato de no ver por la zona. Ton nos dio el ejemplo de eso: “el domingo llegó a la panga un tiburón ballena”, cosa que emocionó a los turistas que llevaban en la lancha para pescar.
Sin embargo, esa contaminación contribuye a la incertidumbre general de los pescadores artesanales en un contexto más amplio de presión sobre los recursos marinos, donde la sobrepesca en la zona del Pacífico central también ha contribuido al cambio de algunas especies que existen, reduciendo aún más la disponibilidad de recursos para las comunidades pesqueras.
Embarcaciones de pesca artesanal y turística en la playa de Tárcoles. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
Frente a esta realidad, muchos pescadores han tenido que buscar alternativas para complementar sus ingresos. Algunos como Manuel tienen que realizar otros trabajos ocasionales fuera del agua, y continuar explorando con actividades relacionadas con el turismo.
Jeannette, de CoopeTárcoles, asegura que si ha existido la sobrepesca en la zona con embarcaciones grandes.
“Ahora se están capturando más [camarones] que en años atrás cuando estaban los barcos ahí de arrastre”, dice. “La contaminación, sobrepesca, los cambios climáticos, los fenómenos de los niños y la niña, todo eso ha influido un poco de que la pesca se vea también bien mejor.”
“Todo eso se perdió porque aquí hubo una flota demasiado mala” recuerda Franklin, “¿Qué íbamos a agarrar nosotros con la pesca artesanal? Nosotros sufríamos.”
Franklin se refiere a la pesca de arrastre, que son barcos más grandes, con redes grandes que las tiran al agua para tomar todo lo que encuentren en el camino.
Cuando Jeannete habla del fenómeno del Niño, se refiere a un calentamiento mayor a lo normal de las aguas del Océano Pacifico lo que provoca que las especies cambien su comportamiento y su estancia. Lo mismo pasa con el fenómeno de la niña pero en ese caso debido a un mayor enfriamiento de las aguas.
Por otro lado, Manuel cuenta que “a veces la pesca se pone mala, yo hago ciertos trabajos, armar y reparar trasmallo, cuando armo trasmayo armo dos pacas de trasmallo me gano 50.000 y cuando remiendo trasmallo me gano 30.000 pesos por día”, refiriéndose a su forma de sobrevivir cuando no puede salir a pescar ni hay turismo en su agenda. Esto lo refuerza Jeannette: “Los pescadores aquí de alguna u otra forma se las ingenian para tener su sustento diario. Si no es con la pesca es con otra cosa”.
Un grupo de pescadores turísticos ayudan al capitán de una embarcación de pesca turística de Tárcoles a sacar la embarcación al agua. El tour inició antes de las 8am. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
El cambio gradual
Frente a este contexto, los propios pescadores artesanales de la comunidad empezaron a experimentar con la pesca turística como una forma de diversificar ingresos.
Marco ”Ton”, considera que la pesca turística le ha resultado más rentable que la pesca artesanal, porque los ingresos son más predecibles y requiere una inversión mucho menor para salir al mar. Al comparar ambas actividades asegura que “invierto poco y gano mucho más, el doble… Para alistar una panga tengo que rejuntarme 500.000 pesos. En cambio yo con lo de la pesca turística, lo que tengo que echar son dos galones de gasolina y mil pesos de hielo”, explica..
Por su parte, Franklin González señala que un recorrido turístico puede dejar entre 80.000 y 90.000 colones.
Manuel Rodríguez coincide en que la actividad le permite generar ingresos más constantes. Explica que normalmente cobra alrededor de 90.000 colones por recorrido y que, en ocasiones, algunos clientes incluso pagan más. “Hay personas que me pagan hasta más (…) me dan 150, me dan 130, me dan 120”, comenta.
Un grupo de pescadores turísticos ayudan al capitán de una embarcación de pesca turística de Tárcoles a sacar la embarcación al agua. El tour inició antes de las 9am. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
Además, Franklin, Manuel y Marco explican que la demanda de recorridos ha crecido con el paso de los años. y coinciden en que gran parte de los clientes llegan por recomendación de otros visitantes, el “boca a boca” que se ha generado con el tiempo.
Sin embargo, los beneficios de la pesca turística no se limitan a quienes conducen las embarcaciones. Andalus Adanís Rojas, una mujer que administra un parqueo utilizado por turistas cerca de la zona donde salen las lanchas, explica que esta actividad también le ha permitido obtener ingresos. “Económicamente ahí voy parqueando y voy obteniendo poquito, aunque sea para sobrevivir”, comenta.
Cuando las embarcaciones salen al mar, un grupo de personas de la comunidad ayuda a empujarlas al agua y, al regresar los turistas, colaboran con la limpieza del pescado y las lanchas. Victoria Silva Cáceres, quien realiza este trabajo desde hace varios años, resume la relación entre la actividad turística y su propio sustento de manera sencilla: “Si a ellos les va bien en la pesca, a nosotros nos va bien”.
En la misma línea, Diana Elizabeth Tejada, quien realiza este trabajo con Victoria, señala que este trabajo no solo le ha permitido generar ingresos, sino también relacionarse con personas de distintos lugares del país y del extranjero que visitan la comunidad para realizar recorridos de pesca.
Victoria y Diana realizan una doble jornada cuando hay viajes de pesca turística. Por la tarde, cuando las lanchas regresan, ellas ofrecen a los turistas el servicio de limpieza y preparación del pescado, para que puedan llevar a casa la captura del día.
La pesca artesanal sigue siendo un componente clave del sistema de vida en Tárcoles. Muchos pescadores combinan ambas actividades o dependen de la pesca tradicional cuando no hay demanda turística o cuando las condiciones del mar no permiten realizar salidas con visitantes. De acuerdo con Jeannette Naranjo González, representante de CoopeTárcoles, en la comunidad hay aproximadamente 100 pescadores, pero solo alrededor de 16 se han dedicado a recibir turistas.
Los retos que siguen existiendo
Aunque reconocen los beneficios que la actividad ha traído a la comunidad, tanto Victoria como Diana consideran que todavía existen limitaciones importantes. Entre ellas mencionan la falta de acceso a agua potable cerca de la zona de trabajo, una situación que dificulta la limpieza del pescado y las condiciones de higiene para quienes trabajan diariamente en el lugar.
Los pescadores que ofrecen experiencias turísticas señalan que uno de los principales límites de esta actividad es la falta de recursos para mejorar las embarcaciones. Manuel comenta que no puede comprarse un motor mejor para su panga y llevar grupos grandes.
Manuel explica que, aunque realiza recorridos de pesca con turistas desde hace varios años, no siempre puede aceptar todos los que le piden. “Hay tours que me salen grandes, pero yo no los hago, se los doy a otras personas (de la comunidad)”.
Franklin González, capitán de pesca turística en Tárcoles, junto a las dos embarcaciones que utiliza para dar el servicio de tours de pesca. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506
La razón principal es la falta de equipo adecuado. “No tengo los motores competentes para poder trabajar”, afirma. Ya que no cuenta con ninguna lancha equipada para recorridos largos mar adentro con grupos más grandes.
Franklin, “El Indio”, menciona que quienes ofrecen pesca turística podrían considerar organizarse o agremiarse.
Una mirada de cara al futuro
Mientras Manuel seguía trabajando sobre la red que tenía entre sus manos durante una buena parte de la mañana y continuaba acomodando la malla, llegó a explicar los diferentes tipos de pesca que conoce. Narra cómo se utilizan las redes en aguas poco profundas, mientras que la caña se usa en mar con más profundidad y que estos tours son más caros.
Cuando terminó de hablar y explicar, volvió a concentrarse en su labor. Otros pescadores que estaban por ahí también seguían en su trabajo. La escena es algo que parece que es su día a día, pero que nos dice que en tal cuál es la pesca tradicional sigue formando parte de su cotidianidad, a pesar que nuevos horizontes se están abriendo.
Este reportaje se realizó con una beca del Fondo para el Periodismo de Soluciones en Latinoamérica, una iniciativa de El Colectivo 506. La beca fue posible gracias a una donación de la Federación Costarricense de Pesca (FECOP) para apoyar al periodismo de soluciones con independencia editorial sobre temas de pesca comunitaria. La FECOP apoya el proyecto en el marco de su proyecto “Pesca Participativa”, en alianza con la Embajada de los Estados Unidos de América en Costa Rica.
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